miércoles, 21 de julio de 2010

El frío y un lirio

Y el mundo había caído en desgracia.

Sola en aquella habitación, tembló de frío. La ventana estaba abierta, pero no la deseaba cerrar. Añoraba que por un instante todo fuese diferente, que todo cambiara, fuera de cierta manera un mundo mejor... que su mundo fuera mejor.

Y su mente vagaba a aquellos viejos recuerdos, casi olvidados, de un día que sintió algo, algo que parecía ser, sin duda alguna, verdadera felicidad. Un destello de esperanza lleno su corazón por unos segundos, que con fervor saboreó.

Su cabello despeinado y descuidado sobre la almohada. Su cuerpo endeble reposando entre las sabanas.

—¿Qué ha sido de mí? ¿En este oscuro cuarto guardaré mis penas por siempre?, este cuarto que es mi alma —pensaba en su inmovilidad.

A su lado, una mesita de noche, y en ella, un hermoso lirio se erguía con elegancia, junto a ésta, su diario en que anotaba cosas sobre días sin sentido pero llenos de emociones.

—... mi dulce compañía, no me desampares... ni de noche... ni de día — corrieron suaves lágrimas por sus mejillas. Era eso como se sentía. Así se sentía de verdad... la verdadera soledad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario