Él estaba sólo en su habitación, yo me encontraba cerca de su puerta. Siempre supe que él gustó de ella pero nunca tuve el coraje de preguntarle nada, nunca me pareció que teníamos esa confianza, desde que mamá murió vivimos todos en mundos diferentes.
Escuché como soplaba su nariz, toqué su puerta y la abrí levemente. Estaba sentado con sus manos cubriendo su cara, algo le sucedía pero no sabía que era; seguro era culpa de ella.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?- dije con firmeza mientras me acercaba, en mí nació un instinto maternal muy fuerte.
- Nada, no me pasa nada, vete...- hablaba como un niño malcriado pero él era un hombre crecido.
Me acerqué más a él y le acaricie el cabello con ternura. Él era mi hermano mayor y era muy guapo, no era ninguna sorpresa que las chicas lo mirasen mucho. Yo siempre le quise bastante y deseaba poder ayudarle en momentos que lo necesitase, como ahora.
Él me miró con sus ojos verdes oscuros y me regresó las caricias que le daba; jamás habíamos sido tan cariñosos porque lo más normal era que fuésemos distantes, sin embargo en ese momento nos sentíamos con una conexión especial.
- ¿Qué te hizo?- pregunté llena de una ira repentina. No podía soportar que alguien lastimase a mi hermano de aquella manera, nadie tenía derecho.
Él merecía alguien que lo idolatrase como él idolatraba a las mujeres que amaba; esa chica era una malagradecida y una falsa.
No me quiso responder, pero su mirada me decía que significaba mucho mi estar allí. Nuestras frentes estaban unidas, yo le tarareaba una canción que madre hace tiempo nos cantaba para dormir mientras él se tranquilizaba. Sus ojos parecían brillar al mirarme, como si nunca me hubiesen visto de verdad.
- Hermana mía, ¿cuándo creciste tanto? nunca te había visto tan hermosa.- dijo formando una sonrisa tierna.
Me sonrojé, sabía que era atractiva pero nadie en mi familia me había elogiado jamás, nadie realmente me había prestado mucha atención. Le devolví la sonrisa y le di un suave beso en la frente.
Yo había conocido muchos otros chicos antes que pensaban que era atractiva, jugaba con ellos y los manipulaba a mi gusto, pero en realidad yo tendía a hacer eso con la mayoría de las personas, no me gustaba que se acercaran más de lo que debían; ahora frente a mi hermano sentía que no debía de tener tanto miedo al abrirme a los demás.
De pronto, él se paró y me abrazó como nunca lo había hecho, mi cuerpo automáticamente respondió quedando totalmente rígido y envuelto en escalofríos, me sentía totalmente extrañada con esta nueva confianza que estábamos entablando. Sentí sus manos posarse en mi espalda acariciándola delicadamente; me sentía muy cómoda así atrapada en sus brazos, segura de que ambos estaríamos bien...
Terminamos hablando hasta tarde, compartiendo como dos amigos muy íntimos, pero eso era lo que eramos ahora, amigos íntimos. Hablamos del Duque, un joven que se había enamorado de mí hace un tiempo ya y yo no había hallado que hacer al respecto, yo le quería pero no sabía si marcharme con él y dejar la jaula que era mi hogar o quedarme en ella y perder la aventura más grande de mi vida.
-¿Entonces así es como nos ves a todos aquí en casa? como unos carceleros o algo por el estilo...- sonaba herido, al instante me arrepentí por lo dicho.
-No, tú no hermano, es sólo que papá no me deja ser libre, la única razón por la que deseo quedarme es por ti y Steven, son mis hermanos y yo les quiero... no sé si podría abandonarles.- decía yo con el corazón cargado de emociones.
Era verdad lo que decía, les quería demasiado para marcharme sin mirar atrás. El Duque era un sueño, un hombre que era tan ideal que parecía mentira, me desgarraba un dolor en el pecho con sólo pensar que tendría que rechazarle todas las invitaciones y promesas de amor.
Mi hermano me observaba detenidamente, se había percatado de mis sentimientos. Tomó mi mano en la suya con fuerza, acarició de nuevo mi rostro y yo no pude evitar lanzarle una sonrisa. Surgió en mi interior un constante cosquilleo, estaba extática con la conversación y la visión de un futuro junto al Duque.
- Que bella te vez enamorada... ella también se veía hermosa cuando la acariciaba... me miraba como si... como si me amara.- su voz estaba sonando débil, le dolía tanto recordarla.
No soportaba verle derrotado, no lo toleraba, corrientes de adrenalina parecían correr por mi cuerpo en respuesta a su melancolía. Lo abrasé, con todas mis fuerzas me pegué a su pecho y escuché como su corazón latía acelerado.
-Ella no importa ya, importamos nosotros, sólo nosotros, debemos estar juntos siempre...¡siempre!- estaba envuelta en emociones que nunca podría describir, un odio hacía la mujer que lo lastimó, un amor profundo hacía él y luego mis sueños de marcharme. Todo parecía mezclarse dentro mí como un remolino.
Suspiré con dulzura y anhelo, era como si mi corazón luchase contra algo mientras que mi cabeza se sentía ligera. Sentí de pronto como el hombre junto a mí se estremecía al sentir mis suspiros sobre su cuello.
Que divino parecía todo aquello, había como un aura que nos rodeaba, inmersos en una especie de mundo en el que sólo estábamos los dos. Nos miramos nuevamente, le sonreí sin poder evitar ser insinuante; sus ojos parecieron agrandarse al mirar aquel gesto.
Tomó mi rostro con fuerza contra el suyo, estaba completamente pegada a él, mi piel parecía hervir bajo su roce. Veía su rostro contraído en confusión y al mirarme parecían brillar sus ojos con un mensaje, esto me produjo unos escalofríos tan delirantes que temblé.
- ¿Qué deseas?- no pude evitar musitar, mi voz había cambiado a una voz extrañamente jugosa y seductora.
Su mirada seguía fija en la mía, ni me había percatado que estaba contra la pared y él parecía mantenerme así como atrapada. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer mis curvas, acariciaron con detalle mis atributos de una manera que me enloquecían.
Gemí levemente del placer que me causaban sus manos, no quería que se detuviera y él tampoco parecía muy interesado en detenerse. Con desespero rasgo mi vestido hasta mostrarme semidesnuda ante él; temblaba contra la pared deseosa de más pero en busca de algo de sentido en todo aquello.
Sus labios se cerraron en mis senos expuestos en un beso delicioso que me desesperaba, gemí nuevamente de locura... ¿Qué estoy haciendo? ¿qué esta pasando?
Era mío, él era sólo mío y nadie me lo quitaría, sentir su piel contra la mía, sus suspiros, su mirada; vivía un constante frenesí entre sus brazos varoniles. Era mi hermano, mi dulce... dulce hermano.
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