Cantaba su corazón con alegría al sentir aquellos fuertes brazos a su alrededor, “¿Acaso él sabría lo mucho que le amaba?” Él planeaba todo detenidamente, la partida sería en la tarde y no le dejaría tiempo a ella para despedirse de todos. Era mejor así, vivir en casa había sido una prisión desesperante.
—Dime… ¿me extrañaras?— le preguntó al jardín vacío.
Tapaba sus brazos con un chal que mamá le dio, protegiéndose de la brisa admiró sus dulces recuerdos, aquellas felices memorias ocultas entre los terrenos del jardín.
No estaba dispuesta a enfrentarse a nadie, porque precisamente nadie sabía sobre su partida. Charles soñaba en su dulce cabecita que ella se quedaría por siempre a su lado. Jamás volverían a ser iguales, no podía estar ni un instante cerca de él sin sentir repugnancia, no precisamente por él sino por ella misma, por las asquerosas cosas que ella permitió que sucedieran. Una pasión prohibida floreció entre ambos y eso sería por siempre su tormento.
— ¿Qué haces?— preguntó una voz a sus espaldas.
Un escalofrío de temor recorrió su columna. “¿Sería él? Y si fuese él ¿qué le diría?” respiró hondo tratando de mantener la compostura. Volvió levemente su cabeza, temerosa del rostro que llegase a ver. Era Steven, su segundo hermano, acercándose a ella con su acostumbrada elegancia.
—Steven, yo… sólo pensaba…— decía sin mucho rodeo, quedó en su interior la sensación de una falsa alarma.
“¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué tengo tanto temor?”… Ignoraba que su hermano podía notar su nerviosismo.
— ¿Te vas?...— preguntó con tono melancólico sin mirarla, él sólo fijaba su vista en el jardín (muchas de esas flores las había plantado su madre).
Ella no supo como reaccionar ante la pregunta, “¡él sabía!” lo miró con los ojos agrandados, llena de temor por lo que diría, por lo que pensaría. Tartamudeó un poco intentando declararle la verdad pero en vano, de sus labios rojizos no escapaban esas palabras que sonarían crueles y dolorosas.
— Ya… ya lo sabía…— decía volviendo la mirada al porche. Ella recordó las maletas al lado de la puerta, se sintió como una idiota.
—Tranquila, ya lo sabía mucho antes de ver tus maletas… Charles me había contado algo sobre el Duque y tus deseos, tenía miedo de que te fueras. — explicaba con simpleza mientras se agachaba junto a un árbol de magnolias y recogió algunas de las flores caídas.
Delilah consiguió calmar su corazón inquieto y tragándose todo el dolor y angustia habló.
— Se que es egoísta… pero por favor no le digas a papá o Charles aún…yo…— se encontraba nerviosa y envuelta en sus propios pensamientos, no sabía si lo que haría era lo correcto pero quería irse, ella sabía que marcharse era lo que más deseaba.
Steven la miró detenidamente sin mover un músculo, parecía mirarla con una cierta compasión. Él al igual que Charles era muy guapo, sin embargo Steven era más parecido a su padre que a su madre. Su madre había sido de ojos verdes y de cabello oscuro mientras que su padre poseía ojos azules y cabello rubio. Steven era rubio y sus ojos eran azules aunque más oscuros que los de su padre.
—No tienes que darme explicaciones… yo también me marcho. — estas ultimas palabras las dijo con amargura volviendo su mirada nuevamente a las flores en sus manos.
Ella no supo que decirle, no supo que pensar. Ambos se marchaban de casa y tomaban su camino, desafiando a su padre y abandonando a Charles.
— Me iré a América y comenzaré de nuevo. — se paró firme ante ella, acarició su cabello ondulado con ternura, pareció sonreír para si.
Ella tembló bajo su roce, un temor desgarrador se apoderó de ella, deseaba huir de aquel contacto. Trató de controlar su impulso de golpearle la mano y alejarse. Él la miró con curiosidad, notaba que estaba muy inquieta y dejó de acariciarle la cabeza.
— ¿A qué le temes? ¿No lo deseas? No deseas…— comenzó a formular él una pregunta que ella no estaba dispuesta a escuchar.
Se tapó las orejas bruscamente, sacudiendo su rostro de un lado a otro comenzó a llorar. Repetía constantemente “no no no… no me toques, no quiero nada… sólo quiero estar lejos de aquí”.
Abriendo sus ojos húmedos terminó mirando la cara consternada de su hermano. La mirada azulada parecía llena de emociones, aún tenía la mano estrecha como intentando consolarla pero temeroso que su contacto la asustara más. Al final guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón, moviendo su cabeza en un gesto de desaprobación suspiró.
— De verdad, no sé cuanto daño te habrá causado estar acá tanto tiempo… pero… ya veo que no te lo necesito preguntar, es obvio que lo que deseas es marcharte. — sus ojos parecieron aguarse al decir estas palabras, estaba tan preocupada por ella.
Todos sabían hasta ella sabía que se parecía a su madre, era un copia idéntica. Mirarla era como sentirse en presencia de aquella mujer difunta. Steven no quiso seguir mirandola, sacó de su bolsillo una de las flores que había cogido y acercandose con cautela la colocó sobre la cabellera de Delilah. Sin mirarla entró al hogar con pasos firmes, dejándola en un estado de confusión.
Delilah trató de reponerse secándose con rapidez sus lágrimas. Steven no era como Charles, Steven no le quería hacer nada, ella lo sabía pero no pudo controlarse al sentir ese contacto tan íntimo.
Debía marcharse lo antes posible…
martes, 23 de febrero de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
A Dream
I was running from the shadow of the past, scared of the pain it could bring. The wind was blowing my hair like crazy; my hairdo was left a mess. He was behind me, following my every step.
Who was he?
I didn’t know… I was too afraid to even look.
The tree branches got caught in the folds of my dress, it was so heavy I could hardly walk.
Suddenly memories came to me… of a passed that I wasn’t willing to remember though it all seemed very simple, I had to just turn and face whatever it was, even if it tormented me.
I was too afraid to turn, too afraid to stop.
Climb the large stone stares I did. The garden seem to surround everything, it was like a savage and tropical place, where you could only hear the sweet melodies of nature. My breath interrupted its normal peace, but I just wanted to run.
Though it was almost morning the sky was still grey, rapid footsteps made eco in the dark…
I knew without any notice... he was behind me and we were alone…
Who was he?
I didn’t know… I was too afraid to even look.
The tree branches got caught in the folds of my dress, it was so heavy I could hardly walk.
Suddenly memories came to me… of a passed that I wasn’t willing to remember though it all seemed very simple, I had to just turn and face whatever it was, even if it tormented me.
I was too afraid to turn, too afraid to stop.
Climb the large stone stares I did. The garden seem to surround everything, it was like a savage and tropical place, where you could only hear the sweet melodies of nature. My breath interrupted its normal peace, but I just wanted to run.
Though it was almost morning the sky was still grey, rapid footsteps made eco in the dark…
I knew without any notice... he was behind me and we were alone…
lunes, 8 de febrero de 2010
Amores de un Psicopata, Capítulo Los Hermanos
Él estaba sólo en su habitación, yo me encontraba cerca de su puerta. Siempre supe que él gustó de ella pero nunca tuve el coraje de preguntarle nada, nunca me pareció que teníamos esa confianza, desde que mamá murió vivimos todos en mundos diferentes.
Escuché como soplaba su nariz, toqué su puerta y la abrí levemente. Estaba sentado con sus manos cubriendo su cara, algo le sucedía pero no sabía que era; seguro era culpa de ella.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?- dije con firmeza mientras me acercaba, en mí nació un instinto maternal muy fuerte.
- Nada, no me pasa nada, vete...- hablaba como un niño malcriado pero él era un hombre crecido.
Me acerqué más a él y le acaricie el cabello con ternura. Él era mi hermano mayor y era muy guapo, no era ninguna sorpresa que las chicas lo mirasen mucho. Yo siempre le quise bastante y deseaba poder ayudarle en momentos que lo necesitase, como ahora.
Él me miró con sus ojos verdes oscuros y me regresó las caricias que le daba; jamás habíamos sido tan cariñosos porque lo más normal era que fuésemos distantes, sin embargo en ese momento nos sentíamos con una conexión especial.
- ¿Qué te hizo?- pregunté llena de una ira repentina. No podía soportar que alguien lastimase a mi hermano de aquella manera, nadie tenía derecho.
Él merecía alguien que lo idolatrase como él idolatraba a las mujeres que amaba; esa chica era una malagradecida y una falsa.
No me quiso responder, pero su mirada me decía que significaba mucho mi estar allí. Nuestras frentes estaban unidas, yo le tarareaba una canción que madre hace tiempo nos cantaba para dormir mientras él se tranquilizaba. Sus ojos parecían brillar al mirarme, como si nunca me hubiesen visto de verdad.
- Hermana mía, ¿cuándo creciste tanto? nunca te había visto tan hermosa.- dijo formando una sonrisa tierna.
Me sonrojé, sabía que era atractiva pero nadie en mi familia me había elogiado jamás, nadie realmente me había prestado mucha atención. Le devolví la sonrisa y le di un suave beso en la frente.
Yo había conocido muchos otros chicos antes que pensaban que era atractiva, jugaba con ellos y los manipulaba a mi gusto, pero en realidad yo tendía a hacer eso con la mayoría de las personas, no me gustaba que se acercaran más de lo que debían; ahora frente a mi hermano sentía que no debía de tener tanto miedo al abrirme a los demás.
De pronto, él se paró y me abrazó como nunca lo había hecho, mi cuerpo automáticamente respondió quedando totalmente rígido y envuelto en escalofríos, me sentía totalmente extrañada con esta nueva confianza que estábamos entablando. Sentí sus manos posarse en mi espalda acariciándola delicadamente; me sentía muy cómoda así atrapada en sus brazos, segura de que ambos estaríamos bien...
Terminamos hablando hasta tarde, compartiendo como dos amigos muy íntimos, pero eso era lo que eramos ahora, amigos íntimos. Hablamos del Duque, un joven que se había enamorado de mí hace un tiempo ya y yo no había hallado que hacer al respecto, yo le quería pero no sabía si marcharme con él y dejar la jaula que era mi hogar o quedarme en ella y perder la aventura más grande de mi vida.
-¿Entonces así es como nos ves a todos aquí en casa? como unos carceleros o algo por el estilo...- sonaba herido, al instante me arrepentí por lo dicho.
-No, tú no hermano, es sólo que papá no me deja ser libre, la única razón por la que deseo quedarme es por ti y Steven, son mis hermanos y yo les quiero... no sé si podría abandonarles.- decía yo con el corazón cargado de emociones.
Era verdad lo que decía, les quería demasiado para marcharme sin mirar atrás. El Duque era un sueño, un hombre que era tan ideal que parecía mentira, me desgarraba un dolor en el pecho con sólo pensar que tendría que rechazarle todas las invitaciones y promesas de amor.
Mi hermano me observaba detenidamente, se había percatado de mis sentimientos. Tomó mi mano en la suya con fuerza, acarició de nuevo mi rostro y yo no pude evitar lanzarle una sonrisa. Surgió en mi interior un constante cosquilleo, estaba extática con la conversación y la visión de un futuro junto al Duque.
- Que bella te vez enamorada... ella también se veía hermosa cuando la acariciaba... me miraba como si... como si me amara.- su voz estaba sonando débil, le dolía tanto recordarla.
No soportaba verle derrotado, no lo toleraba, corrientes de adrenalina parecían correr por mi cuerpo en respuesta a su melancolía. Lo abrasé, con todas mis fuerzas me pegué a su pecho y escuché como su corazón latía acelerado.
-Ella no importa ya, importamos nosotros, sólo nosotros, debemos estar juntos siempre...¡siempre!- estaba envuelta en emociones que nunca podría describir, un odio hacía la mujer que lo lastimó, un amor profundo hacía él y luego mis sueños de marcharme. Todo parecía mezclarse dentro mí como un remolino.
Suspiré con dulzura y anhelo, era como si mi corazón luchase contra algo mientras que mi cabeza se sentía ligera. Sentí de pronto como el hombre junto a mí se estremecía al sentir mis suspiros sobre su cuello.
Que divino parecía todo aquello, había como un aura que nos rodeaba, inmersos en una especie de mundo en el que sólo estábamos los dos. Nos miramos nuevamente, le sonreí sin poder evitar ser insinuante; sus ojos parecieron agrandarse al mirar aquel gesto.
Tomó mi rostro con fuerza contra el suyo, estaba completamente pegada a él, mi piel parecía hervir bajo su roce. Veía su rostro contraído en confusión y al mirarme parecían brillar sus ojos con un mensaje, esto me produjo unos escalofríos tan delirantes que temblé.
- ¿Qué deseas?- no pude evitar musitar, mi voz había cambiado a una voz extrañamente jugosa y seductora.
Su mirada seguía fija en la mía, ni me había percatado que estaba contra la pared y él parecía mantenerme así como atrapada. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer mis curvas, acariciaron con detalle mis atributos de una manera que me enloquecían.
Gemí levemente del placer que me causaban sus manos, no quería que se detuviera y él tampoco parecía muy interesado en detenerse. Con desespero rasgo mi vestido hasta mostrarme semidesnuda ante él; temblaba contra la pared deseosa de más pero en busca de algo de sentido en todo aquello.
Sus labios se cerraron en mis senos expuestos en un beso delicioso que me desesperaba, gemí nuevamente de locura... ¿Qué estoy haciendo? ¿qué esta pasando?
Era mío, él era sólo mío y nadie me lo quitaría, sentir su piel contra la mía, sus suspiros, su mirada; vivía un constante frenesí entre sus brazos varoniles. Era mi hermano, mi dulce... dulce hermano.
Escuché como soplaba su nariz, toqué su puerta y la abrí levemente. Estaba sentado con sus manos cubriendo su cara, algo le sucedía pero no sabía que era; seguro era culpa de ella.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?- dije con firmeza mientras me acercaba, en mí nació un instinto maternal muy fuerte.
- Nada, no me pasa nada, vete...- hablaba como un niño malcriado pero él era un hombre crecido.
Me acerqué más a él y le acaricie el cabello con ternura. Él era mi hermano mayor y era muy guapo, no era ninguna sorpresa que las chicas lo mirasen mucho. Yo siempre le quise bastante y deseaba poder ayudarle en momentos que lo necesitase, como ahora.
Él me miró con sus ojos verdes oscuros y me regresó las caricias que le daba; jamás habíamos sido tan cariñosos porque lo más normal era que fuésemos distantes, sin embargo en ese momento nos sentíamos con una conexión especial.
- ¿Qué te hizo?- pregunté llena de una ira repentina. No podía soportar que alguien lastimase a mi hermano de aquella manera, nadie tenía derecho.
Él merecía alguien que lo idolatrase como él idolatraba a las mujeres que amaba; esa chica era una malagradecida y una falsa.
No me quiso responder, pero su mirada me decía que significaba mucho mi estar allí. Nuestras frentes estaban unidas, yo le tarareaba una canción que madre hace tiempo nos cantaba para dormir mientras él se tranquilizaba. Sus ojos parecían brillar al mirarme, como si nunca me hubiesen visto de verdad.
- Hermana mía, ¿cuándo creciste tanto? nunca te había visto tan hermosa.- dijo formando una sonrisa tierna.
Me sonrojé, sabía que era atractiva pero nadie en mi familia me había elogiado jamás, nadie realmente me había prestado mucha atención. Le devolví la sonrisa y le di un suave beso en la frente.
Yo había conocido muchos otros chicos antes que pensaban que era atractiva, jugaba con ellos y los manipulaba a mi gusto, pero en realidad yo tendía a hacer eso con la mayoría de las personas, no me gustaba que se acercaran más de lo que debían; ahora frente a mi hermano sentía que no debía de tener tanto miedo al abrirme a los demás.
De pronto, él se paró y me abrazó como nunca lo había hecho, mi cuerpo automáticamente respondió quedando totalmente rígido y envuelto en escalofríos, me sentía totalmente extrañada con esta nueva confianza que estábamos entablando. Sentí sus manos posarse en mi espalda acariciándola delicadamente; me sentía muy cómoda así atrapada en sus brazos, segura de que ambos estaríamos bien...
Terminamos hablando hasta tarde, compartiendo como dos amigos muy íntimos, pero eso era lo que eramos ahora, amigos íntimos. Hablamos del Duque, un joven que se había enamorado de mí hace un tiempo ya y yo no había hallado que hacer al respecto, yo le quería pero no sabía si marcharme con él y dejar la jaula que era mi hogar o quedarme en ella y perder la aventura más grande de mi vida.
-¿Entonces así es como nos ves a todos aquí en casa? como unos carceleros o algo por el estilo...- sonaba herido, al instante me arrepentí por lo dicho.
-No, tú no hermano, es sólo que papá no me deja ser libre, la única razón por la que deseo quedarme es por ti y Steven, son mis hermanos y yo les quiero... no sé si podría abandonarles.- decía yo con el corazón cargado de emociones.
Era verdad lo que decía, les quería demasiado para marcharme sin mirar atrás. El Duque era un sueño, un hombre que era tan ideal que parecía mentira, me desgarraba un dolor en el pecho con sólo pensar que tendría que rechazarle todas las invitaciones y promesas de amor.
Mi hermano me observaba detenidamente, se había percatado de mis sentimientos. Tomó mi mano en la suya con fuerza, acarició de nuevo mi rostro y yo no pude evitar lanzarle una sonrisa. Surgió en mi interior un constante cosquilleo, estaba extática con la conversación y la visión de un futuro junto al Duque.
- Que bella te vez enamorada... ella también se veía hermosa cuando la acariciaba... me miraba como si... como si me amara.- su voz estaba sonando débil, le dolía tanto recordarla.
No soportaba verle derrotado, no lo toleraba, corrientes de adrenalina parecían correr por mi cuerpo en respuesta a su melancolía. Lo abrasé, con todas mis fuerzas me pegué a su pecho y escuché como su corazón latía acelerado.
-Ella no importa ya, importamos nosotros, sólo nosotros, debemos estar juntos siempre...¡siempre!- estaba envuelta en emociones que nunca podría describir, un odio hacía la mujer que lo lastimó, un amor profundo hacía él y luego mis sueños de marcharme. Todo parecía mezclarse dentro mí como un remolino.
Suspiré con dulzura y anhelo, era como si mi corazón luchase contra algo mientras que mi cabeza se sentía ligera. Sentí de pronto como el hombre junto a mí se estremecía al sentir mis suspiros sobre su cuello.
Que divino parecía todo aquello, había como un aura que nos rodeaba, inmersos en una especie de mundo en el que sólo estábamos los dos. Nos miramos nuevamente, le sonreí sin poder evitar ser insinuante; sus ojos parecieron agrandarse al mirar aquel gesto.
Tomó mi rostro con fuerza contra el suyo, estaba completamente pegada a él, mi piel parecía hervir bajo su roce. Veía su rostro contraído en confusión y al mirarme parecían brillar sus ojos con un mensaje, esto me produjo unos escalofríos tan delirantes que temblé.
- ¿Qué deseas?- no pude evitar musitar, mi voz había cambiado a una voz extrañamente jugosa y seductora.
Su mirada seguía fija en la mía, ni me había percatado que estaba contra la pared y él parecía mantenerme así como atrapada. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer mis curvas, acariciaron con detalle mis atributos de una manera que me enloquecían.
Gemí levemente del placer que me causaban sus manos, no quería que se detuviera y él tampoco parecía muy interesado en detenerse. Con desespero rasgo mi vestido hasta mostrarme semidesnuda ante él; temblaba contra la pared deseosa de más pero en busca de algo de sentido en todo aquello.
Sus labios se cerraron en mis senos expuestos en un beso delicioso que me desesperaba, gemí nuevamente de locura... ¿Qué estoy haciendo? ¿qué esta pasando?
Era mío, él era sólo mío y nadie me lo quitaría, sentir su piel contra la mía, sus suspiros, su mirada; vivía un constante frenesí entre sus brazos varoniles. Era mi hermano, mi dulce... dulce hermano.
martes, 2 de febrero de 2010
La Ninfa del Bosque, Capitulo El bosque
Corrí por el bosque, estaba llena de tristeza por todo lo ocurrido. El bosque en sus fronteras aún rugía de dolor y las cenizas eran evidencias de ello.
Lam a distancias me perseguía, trataba de seguirme el paso pero no podía, yo me fundía con el viento y él me perdía de vista. Llovía como nunca había llovido antes y mis lágrimas corrían por mi rostro; era un dolor insoportable.
Llegué a mi morada, todo seguía igual que siempre, los árboles dormían; el río seguía su acostumbrado camino, me posé cerca de él suspirando de lamento.
Poco a poco mi cuerpo fue tomando su forma sólida y mi cabello oscuro cayó sobre mi cara.
De pronto escuché el respirar de alguien. Me volví, en la orilla del río yacía un cuerpo; era un cuerpo muy peculiar y yo no sabía qué animal era aquel. Me acerqué con cautela, pero el ser estaba inconsciente, lo deseé tocar; poseía una anatomía familiar, los dioses tomaban esas formas cuando se materializaban, pero aquel ser frente mío no era una deidad ¿Qué podría ser?
Acerqué mi mano para tocar su frente, la acerqué con extremo cuidado.
- ¡Detente! No le toques .- exclamó Lam a poca distancia, yo retiré mi mano antes de siquiera tocar a la criatura.
Yo observé con detalle al ser que se encontraba inconsciente frente a mí; él poseía una cabellera de un color miel, piel blanca pero medio rosa y su figura era de un macho fuerte; yo estaba segura que era el macho de su especie puesto que sus rasgos señalaban a que lo era. De repente quedé estática al ver que la criatura tenía una herida profunda bajo el costado.
- ¿Qué te sucede? ¡Está herido! No lo puedo dejar así...- dije preocupada.
Lam me miraba con seriedad, esperando que lo obedeciera pero no le preste atención a su advertencia. Mi corazón sentía pena por aquel ser, iba a morir si yo no le ayudaba.
Coloque mi mano delicadamente sobre su pecho aspirando a poder conocerle y calmar su dolor, sin embargo sólo me transmitía oleadas tortuosas de sufrimiento, experimentaba una agonía tan horrible que me quede tiesa entre escalofríos desgarradores. Sí era cierto, el ser frente a mí iba a morir.
-Aléjate de él, Relena, no debes tocar a un humano ¡déjalo morir!.- Rugió Lam repentinamente.
No supe como reaccionar ante lo dicho... Un humano, eso era lo que era esa criatura en desgracia, ese ser y todos los que eran como él fueron los que propagaron el fuego por las fronteras del bosque.
Relámpagos de rencor y odio llenaron mi sangre, jamás podría perdonarles a esos monstruos el daño que le hicieron a mi hogar, sin embargo, respiré hondo y pensé unos instantes. Lam estaba muy exaltado por mi contacto con el humano, estaba apunto de correr hacía nosotros y separarnos a toda costa.
Levante mi mano libre y la estiré en su dirección, indicándole que no le quería cerca, no me importaba que fuera mi compañero y mi guardián, Lam no tenía derecho a darme ordenes. Percibí como mi amigo parecía estar lleno de una angustia extraña en él.
Miré al humano, estaba indefenso y moría, habría sido este ser el que propagó el fuego? o habría sido este ser parte de una masacre entre su propia especie? Tenía que decidir ahora su destino puesto que su vida estaba en mis manos...
Lam a distancias me perseguía, trataba de seguirme el paso pero no podía, yo me fundía con el viento y él me perdía de vista. Llovía como nunca había llovido antes y mis lágrimas corrían por mi rostro; era un dolor insoportable.
Llegué a mi morada, todo seguía igual que siempre, los árboles dormían; el río seguía su acostumbrado camino, me posé cerca de él suspirando de lamento.
Poco a poco mi cuerpo fue tomando su forma sólida y mi cabello oscuro cayó sobre mi cara.
De pronto escuché el respirar de alguien. Me volví, en la orilla del río yacía un cuerpo; era un cuerpo muy peculiar y yo no sabía qué animal era aquel. Me acerqué con cautela, pero el ser estaba inconsciente, lo deseé tocar; poseía una anatomía familiar, los dioses tomaban esas formas cuando se materializaban, pero aquel ser frente mío no era una deidad ¿Qué podría ser?
Acerqué mi mano para tocar su frente, la acerqué con extremo cuidado.
- ¡Detente! No le toques .- exclamó Lam a poca distancia, yo retiré mi mano antes de siquiera tocar a la criatura.
Yo observé con detalle al ser que se encontraba inconsciente frente a mí; él poseía una cabellera de un color miel, piel blanca pero medio rosa y su figura era de un macho fuerte; yo estaba segura que era el macho de su especie puesto que sus rasgos señalaban a que lo era. De repente quedé estática al ver que la criatura tenía una herida profunda bajo el costado.
- ¿Qué te sucede? ¡Está herido! No lo puedo dejar así...- dije preocupada.
Lam me miraba con seriedad, esperando que lo obedeciera pero no le preste atención a su advertencia. Mi corazón sentía pena por aquel ser, iba a morir si yo no le ayudaba.
Coloque mi mano delicadamente sobre su pecho aspirando a poder conocerle y calmar su dolor, sin embargo sólo me transmitía oleadas tortuosas de sufrimiento, experimentaba una agonía tan horrible que me quede tiesa entre escalofríos desgarradores. Sí era cierto, el ser frente a mí iba a morir.
-Aléjate de él, Relena, no debes tocar a un humano ¡déjalo morir!.- Rugió Lam repentinamente.
No supe como reaccionar ante lo dicho... Un humano, eso era lo que era esa criatura en desgracia, ese ser y todos los que eran como él fueron los que propagaron el fuego por las fronteras del bosque.
Relámpagos de rencor y odio llenaron mi sangre, jamás podría perdonarles a esos monstruos el daño que le hicieron a mi hogar, sin embargo, respiré hondo y pensé unos instantes. Lam estaba muy exaltado por mi contacto con el humano, estaba apunto de correr hacía nosotros y separarnos a toda costa.
Levante mi mano libre y la estiré en su dirección, indicándole que no le quería cerca, no me importaba que fuera mi compañero y mi guardián, Lam no tenía derecho a darme ordenes. Percibí como mi amigo parecía estar lleno de una angustia extraña en él.
Miré al humano, estaba indefenso y moría, habría sido este ser el que propagó el fuego? o habría sido este ser parte de una masacre entre su propia especie? Tenía que decidir ahora su destino puesto que su vida estaba en mis manos...
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