lunes, 25 de octubre de 2010

Used to...

You used to see in me
You used to see everything
Now I´m all alone
Standing here by the phone
Just waiting for your call
Hoping nothing at all
Cause everything is at its end
And I wish we could still be friends

Crying in my sleep
Wishing that some how
How could I persist?
There is nothing more now
How can I resist?
Your lips are my death, dear
I can not exist
Without you near

Now is not the time
My pain is in the rime
Can you hear its song?
Even if I did wrong
I want you to know
I have always loved you so
And for that I'll suffer
Suffer forever more

Even though I wish you well
I want us to say farewell
My heart cant stay with you
I hope you see this too
'Cause nothing was what it seemed
Though my life is incomplete
I can't have you now
Now nor never

So we'll have to stay apart
You don't believe it breaks my heart
It hurts to see you gone
But I have accepted
It's fallen apart

I have comprehended and ended
My feelings, surrendered
There's no sense to call
'Cause I have really done it all

sábado, 9 de octubre de 2010

Oh! my love...

What do you do, when the tough gets tougher?
What should I do, when you've got another lover?
Oh! what do you do? Oh! my heart is breaking in two
For you.

Can't you hear that the phone keeps ringing?
Can't you see that the hours are ticking?
We cant live a life, a life that isn't real
Oh! and it's so sad because of what we feel

I'm a cat
Just waiting to pounce
You, a dog
Stray and just running around

Do you know?
I haven't forgotten you
Yes, it's true...
I can't be free

Every time you're here
My knees turn weak
And I can feel my mind bleak
But still I wish and wish

The only thing I can say is Goodbye
Can't remember the reason why
Can't remember you
Why? Oh why!?

Because, why should I...?
its all said and done
Why should I...?
I can't be the one

Even though my heart is pure
My love, true
Told you once and twice
Now look at you...

Why should I...?
Can't accept
Can't refuse
I'm in a depth

And all because of you

lunes, 4 de octubre de 2010

La Ninfa del Bosque, Capitulo Los Chevalier

Sintió como el agua corría por sus manos, terminó de lavar los platos con destreza.

Le gustaba ayudar en casa porque la señora Chevalier no podía, era demasiado frágil para hacer la limpieza, era una señora mayor que había vivido una vida de ama de casa, también era la madre de Adam y Janette. Ahora ella se encontraba junto a la ventana, como siempre, mirando al cielo,o tal vez, a nada.

Su hijo, Adam, era un joven soldado de sus majestades y muy respetado por su supervivencia en la batalla de Creuse. En ese lugar la había encontrado, sola e inconsciente dentro del bosque, totalmente vulnerable ante la batalla que se llevaba acabo al exterior. Adam contaba la historia siempre con brevedad, no recordaba bien los sucesos, al igual que ella no recordaba nada en absoluto.

Pensaba que era sorprendente no poder si quiera recordar su nombre; Adam si lo recordaba, la llamaba Relena. A pesar de no recordar su pasado, no sentía ningún interés en recordar, ni pensaba que fuese necesario. Vivir con Adam y su madre la hacían sentirse segura y tranquila, no deseaba nada más que permanecer junto a ellos. Secó sus manos, al instante escuchó la puerta, al abrir se encontró con Janette, ésta entró sin saludar y se arrodilló al lado de su madre para susurrarle algo en el oído. Ella siguió con sus tareas sin darle mucha importancia a la presencia de la visita.

Janette no parecía muy de acuerdo con la idea de que la chica perdida permaneciera en aquella casa, desde el primer momento en que la vio sintió desconfianza, pero nunca se mostró cruel porque sabía muy bien que Adam sería alguien que ella no quería enfrentar. Estaba casada ya hace un tiempo con un Lord, lo cual no era poco; su matrimonio la llenaba de orgullo. Su marido, Fernán, era un hombre justo y amable, lo amaba tanto que le costaba respirar a veces, le impresionaba sentirse así porque no era de las que creía en el amor, sin embargo allí estaba ella enamorada de su marido y sintiéndose amada por él.

- Relena, ¿le has servido la comida a mamá? -su tono fue algo forzado pero se notaban sus esfuerzos de suavizarlo, en la palabra "mamá" su rostro sacó una sonrisa - algo malévola- pensaba la chica.

La señora Chevalier la agarró del brazo, claramente reprimiéndola por su tono irrespetuoso.

-No seas tan fastidiosa Janette, no es necesario que te pongas así ¡qué ya voy a comer! -su voz ronca habló entre su tos, se paró de su silla y se sacudió el regazo. Miró a Relena y le hizo un gesto que ésta entendía, se acercó a la anciana, la ayudando hasta el comedor. Janette las siguió, angustiada por su madre.

- Madre, ¿no crees que sería mejor vivir conmigo? puedo tener personas cuidando de ti, ayudándote constantemente -le sugería nuevamente Janette. Desde hace tiempo le proponía lo mismo, estaba decidida en llevarse a su madre de aquella casa, pero la Sr. Chevalier quería quedarse con Adam, si ella se marchase su hijo viviría solo.



Adam Chevalier, al otro lado de la ciudad, caminó a través del arco, este era la entrada principal del palacio. Su cuñado lo había mandado a llamar, él pertenecía a la corte y ser convocado era algo muy importante. El rey no estaría presente, de eso estaba seguro Adam, normalmente su Majestad no se presentaba en la corte.


Él admiraba mucho a su rey, le guardaba un profundo respeto, a pesar de no conocerle. Miró el escudo de la dinastía, poseía rayas diagonales azules y dorados, en el centro una corona de oro con la espada real del fundador de la dinastía. Orgullo brotó de su interior, ese era su destino. Pelear por su reino.

Entró en la gran sala, para su sorpresa, estaba complemente vacía, sólo dos figuras se vislumbraban al final de la sala. Caminó con cabeza en alto sobre la estrecha alfombra roja, extrañado por lo privada que era aquella convocatoria. Al acercarse más a las figuras pudo notar que no sólo estaba su cuñado, junto a él se elevaba imponente la figura del rey.

- Su... su...su Majestad -logró susurrar para si antes de arrodillarse en el suelo en reverencia.


- Vaya, vaya... parece que mi presencia te ha sorprendido un poco, joven soldado -sonrió él con carisma. Le debió haber dado gracia el llamarle "joven soldado" pensó Adam, ellos eran de la misma edad.


- Su Majestad, creo que hay algo que debemos darle al Sr. Chevalier -Fernán también sacó una sonrisa, ya Adam se estaba sintiendo nervioso.


- Cierto... No quería dártelo de esta manera, hubiese preferido una ceremonia parecida a la que hicimos para los soldados que llegaron de Creuse... pero Lord Fernán me ha detenido, me informó de que no te gustaban ese tipo de ceremonias tan públicas -habló el rey algo desilusionado, todos sabían que le gustaba tener escusas para hacer un gran banquete, era la mejor manera de practicar su deporte favorito, el seducir mujeres.


Adam no podía ni hablar ante el rey, nunca habían estado tan cerca uno del otro. El rey parecía un hombre simpático, le gustaba hablar con mucha elegancia, parecía pronunciar cada palabra con extremo cuidado y con un acento muy marcado. Las mujeres normalmente caían ante él por ese tipo de trucos.


Presentaron una medalla frente a Adam, era una especie de estrella de oro, se encontraba dentro de una caja de un aterciopelado rojo. Rozó el oro, sintiendo el frío contacto con el metal. Cerró sus ojos y recordó el olor a sudor y sangre, los gritos de soldados agonizando y el rugir de las espadas en combate. Un dolor alocado lo abatió.


- Sé que debió ser duro... Esta medalla es la prueba viviente de que tanto yo como Dios hemos reconocido los terrores que has vivido y hemos perdonado los pecados que hayas podido cometer -Adam miró fijamente al rey, brillaba en sus ojos una fuerte admiración.


El rey sintió afecto hacia aquel soldado fiel, le alegraba saber que tenía tan fieles soldados a su poder. Tal vez si tuviese a una buena reina, su reino estaría completo.